domingo, 15 de julio de 2012

La Tierra sin humanos





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El ser humano ha transformado profundamente el aspecto del planeta Tierra. Nuestras ciudades, infraestructuras y cultivos han ido robando terreno paulatinamente a los ecosistemas naturales. Pero ¿Qué ocurriría si la especie humana se extinguiese repentinamente? ¿Cuánto tardarían en desaparecer por completo las huellas de la civilización actual?


Cualquiera puede hacerse una idea de la capacidad de la naturaleza para recuperar el terreno perdido al visitar algún pequeño pueblo abandonado. Estos suelen estar situados en lugares de dificil acceso, en el entorno de espacios naturales con buena calidad ambiental, por lo que en climas como el atlántico o el tropical la vegetación es capaz de cubrir por completo las construcciones en pocos años, décadas a lo sumo. Sin embargo, resulta más dficil imaginar cómo podrían llegar a desaparecer urbes actuales del tamaño de Madrid o Nueva York.
Gracias a los restos arqueológicos de civilizaciones antiguas como la egipcia, la romana o la maya, sabemos que las grandes edificaciones pueden perdurar durante siglos, si bien las técnicas y materiales empleados en dichas construcciones, piedra maciza, hacen que sean más duraderas que las actuales ciudades de hormigón, ladrillo y cristal. Aún así no nos sorprende comprobar que muchas ciudades antiguas hayan desaparecido sin dejar rastro, enterradas bajo metros de sedimentos o cubiertas totalmente por la vegetación. Pero ¿Cuál sería el destino de una ciudad moderna? ¿Cómo le afectaría el paso del tiempo?
El tema ha sido tratado en varias ocasiones por la literatura de ciencia ficción y la divulgación científica. En el libro  El mundo sin Nosotros (2007), el periodista Alan Weisman analiza el impacto que tendría sobre la Tierra la desaparición de la especie humana. Basándose en entrevistas realizadas a varios científicos, el autor imagina cómo sería la reacción de la nauraleza a nuestra ausencia y cuáles de nuestras obras perdurarían.  En el documental canadiense Aftermath: Population Zero (2008), se establece un cronograma de los cambios que se producirían si los seres humanos dejasen de existir, partiendo de un día 13 de junio y llegando hasta 25.000 años hacia el futuro. En él se realizan predicciones más concretas acerca de la evolución de las urbes abandonadas y la recolonización de las mismas por parte de animales y plantas.
Sin embargo, para tener evidencias científicas al respecto sería necesario disponer de un modelo de ciudad actual abandonada desde hace muchos años. Afortunadamente (para el objeto de este artículo) ese modelo existe, se llama Pripiat.
Pripiat es la ciudad Ucraniana en la que estaba situada la central nuclear de Chernóbil. Fue fundada expresamente en 1970 por el Gobierno Soviético para dar hogar a los trabajadores de dicha central.
En 1986 su población era de 49.400 personas, que fueron evacuadas en su totalidad tres días después del accidente nuclear de ese mismo año. Desde entonces Pripiat ha permanecido totalmente deshabitada, estando prohibido bajo pena de cárcel el acceso a la misma sin autorización, al situarse dentro de la zona de exclusión establecida tras la catástrofe. Actualmente sólo es visitada por científicos y fuerzas de seguridad, además de por algunos turistas con permisos especiales.
A pesar de que muchas de las construcciones han sido saqueadas, la estructura arquitectónica de la ciudad ha permanecido básicamente intacta. Sus edificios de apartamentos, teatros, avenidas, parques y demás equipamientos sucumben al paso del tiempo afectados únicamente por las condiciones ambientales, sin más compañía que la flora y la fauna que vive en su interior.
Lo primero que nos llama la atención al contemplar Pripiat, después de más de 26 años de abandono, es la forma en la que la vegetación ha recolonizado sus calles. Situada en una zona de clima continental templado, muchas de sus avenidas han sido copadas por árboles de especies caducifolias como el abedul, capaz de crecer en suelos pobres.

Vista actual de Pripiat.











Muchos de estos árboles brotan de cualquier grieta presente en el asfalto, el cual se ha ido cubriendo paulatinamente de una capa de materia orgánica que ha permitido el crecimiento de las especies herbáceas y arbustivas propias de los primeros estadios de la sucesión ecológica del ecosistema propio de la zona (un bosque mixto de coníferas y caducifolias con zonas pantanosas).

Comparativa de Pripiat en los años 70 y en la actualidad. Si la segunda fotografía hubiese sido tomada en verano apenas podrían verse los edificios, tapados por las hojas de los árboles. 

Sin las necesarias labores de limpieza y mantenimiento, las calles de las urbes actuales se cubrirían pronto de sedimentos que harían posible el crecimiento de especies pioneras, las primeras en colonizar el sustrato. Estas a su vez crearían suelo, permitiendo establecerse a otras especies más exigentes. Con el transcurso de los años se incrementaría la diversidad de especies y el porte de las mismas, tendiendo a regenerarse el ecosistema climax según la vegetación potencial de la zona.


Sucesión ecológica dividida en 6 etapas, según la composición de especies, e incremento de la biodiversidad.

El tiempo necesario para alcanzar el estadio de máxima biodiversidad depende del ecosistema en cuestión, de las condiciones ambientales y de factores aleatorios. En el caso de Pripiat han sido necesarios menos de 30 años para llegar a un estadio avanzado de la sucesión ecológica.  Otro factor a tener en cuenta es el hecho de que, en ausencia de mantenimiento, las canalizaciones subterráneas y desagües de nuestras ciudades quedarian tupidos rápidamente, provocando inundaciones periódicas que anegarían amplias zonas. Esto aceleraría el proceso de aporte de sedimentos transportados por el agua y por tanto la creación de suelo y la recolonización por parte de la vegetación, además de acelerar el deterioro de los cimientos de los edificios, como veremos más adelante. En ciudades costeras como Nueva York, el mar recuperaría el terreno perdido, por lo que en el suelo de las calles inundadas se regeneraría un ecosistema intermareal atlántico compuesto por algas, moluscos, equinodermos, actinias etc.

Así luciría el asfalto de algunas partes de Manhattan años después de la desaparición de la especie humana.

En lugares como Paises bajos o Luisiana, la falta de mantenimiento de diques y drenajes haría que desapareciesen poblaciones enteras bajo las aguas. En el caso de Holanda, más del 20% de su superficie actual se mantiene emergida gracias a un drenaje artificial constante. De hecho, 21 de las 33 ciudades más pobladas del mundo se encuentran en la costa, por lo que el mar ejercería una influencia muy importante en la evolución de sus ruinas. Otro factor a valorar sería la frecuencia de catástrofes naturales, tales como terremotos, tsunamis o incendios.

Inundación de los Países Bajos en 1953. Varios diques en las provincias de Zelanda y Holanda Meridional fueron incapaces de contener la combinación de una marea viva y una severa tormenta del noroeste.

Pero volviendo a la tranquila Pripiat (todas las ciudades que albergan una central nuclear suelen ser geológica y climatológicamente tranquilas) observamos como el paso del tiempo no afecta solamente a sus avenidas y plazas. El interior de los edificios también ha sufrido una profunda transformación, tras casi tres décadas de abandono. Ya no existen puertas ni ventanas. La ausencia de reparaciones periódicas de los tejados de los edificios hace que el agua de lluvia se filtre hasta los pisos inferiores, degradando techos, suelos y paredes, provocando derrumbes y permitiendo el crecimiento de mohos, hongos y plantas. Sus tuberías y bajantes estan obstruidas. El agua se estanca en pisos y azoteas, afectando a pilares y vigas, así como a la cimentación.

Aspecto actual del interior del hospital de Pripiat.

El antes y después de una piscina.

Parque de atracciones de Pripiat.

Un abedul, un serbal, helechos y mohos creciendo en la habitación de un hotel de Pripiat.

Los edificios en ruinas sirven ahora de refugio a multitud de animales salvajes como jabalíes, lobos, zorros o murciélagos, entre otros. Paradójicamente, las ciudades abandonadas pueden transformarse en verdaderas islas de biodiversidad, al ofrecer multitud de biotopos diferentes en un espacio geográfico muy reducido. En la zona de exclusión que rodea a la antigua central nuclear, prosperan numerosas especies de ungulados tales como corzos, ciervos y alces. Bisontes europeos y caballos de Przewalski, reintroducidos en la zona tras el desastre, incrementan sus poblaciones. Hay también informes de huellas de oso pardo, cuya presencia no se registraba desde hacía siglos.


 


No deja de ser curioso que incluso una catástrofe nuclear de las dimensiones de Chernóbil sea a la larga menos perjudicial para la fauna que la simple convivencia con los seres humanos.
Pero Pripiat no es el único ejemplo de recuperación espontánea de un espacio natural antes humanizado. Los llamados parques involuntarios son áreas que han sido deshabitadas por razones ambientales, económicas o políticas, siendo reconquistadas por la naturaleza y alcanzando un alto grado de biodiversidad.  Algunos ejemplos son la zona desmilitarizada de Corea (en la que a ningún ser humano en su sano juicio se atrevería a entrar) el Arsenal de las Montañas Rocosas, en Denver (una antigua zona de pruebas con armas químicas) o las Islas Montebello, situadas al noroeste de Australia, que sufrieron la detonación de nada menos que tres bombas nucleares. Todo ello menos dañino para la fauna que los aparentemente apacibles habitantes del bocage francés e inglés, de cuyos coquetos bosquecillos e idílicas praderías han desaparecido especies como el oso pardo o el lobo hace ya siglos.   
 
El bocage francés dista mucho de ser un ecosistema natural.

La siguiente etapa en la evolución de una ciudad abandonada como Pripiat es el derrumbe de sus edificios e infraestructuras. La duración de un edificio depende de muchos factores tales como la calidad de los materiales empleados, el propio diseño del edificio y factores ambientales como las condiciones climatológicas de la zona y las características del terreno en el que se asienta. Se estima que una construcción con un diseño adecuado y bien ejecutada, con una estructura de hormigón armado libre de aluminosis y una buena cimentación, tiene una vida útil de unos 250 años. En el siguente esquema se muestran algunos de los hitos de la evolución de una ciudad abandonada definidos en  Aftermath: Population Zero (2008):     











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Y un ejemplo real del aspecto de una ciudad actual cuyos edificios se han derrumbado por completo es Agdam, población de Azerbaiyán abandonada en 1994 tras la guerra de Nagorno Karabaj. En este caso las bombas aceleraron el proceso.  
 
Vista de Agdam
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Finalmente, es de esperar que dentro de millones de años todo cuanto quede de la civilización humana no sea más que un estrato geológico diferenciado en una roca sedimentaria del subsuelo, compuesto principalmente por arena, grava, hierro y trazas de hidrocarburos.     

He aquí el posible destino de nuestra civilización.

2 comentarios:

  1. Espero que no te moleste que aporte un video a tu blog. Un documental sobre el tema del que hablas que me resultó muy interesante

    http://www.youtube.com/watch?v=7r14CZSOEpI

    Además, puedes conocer otras curiosidades científicas en mi blog
    http://sciencuriosities.blogspot.com.es/

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  2. Claro que no me molesta Jay, al contrario, te lo agradezco mucho. Enhorabuena por tu blog, me pareció muy interesante. Has pensado en adquirir un dominio? El nombre es bueno ;)

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